Arena en los pies

Arena en los pies


El mar ruge, lo escucho, cierro los ojos, lo siento más fuerte como si estuviera al lado mío, casi logro sentir esas pequeñas gotas que salpican mi rostro, mis pies se entierran en la arena húmeda, las olas vienen y van. Camino por la playa, no hay nadie, busco con la vista algún caracol bonito, algo para llevarme conmigo, para guardar dentro de él la inmensidad del paisaje, de esa playa que es parte mía, aunque ya hace años que no la piso, no la siento en mi piel. Pero igual está acá, en el subte al subir y dejarme llevar por el sonido metálico de este gusano lleno de gente. No importa si me siento o estoy de pie, con solo cerrar los ojos e irme por un instante allá estoy y te siento. 
No es la playa, no es el mar, lo sé, pero también lo son. Porque ese lugar me lleva a vos, a tus manos, a tu piel y a tus palabras, a nosotros. En esos años que estuvimos juntos, yo te decía que no te fueras, pero vos no encontrabas tu espacio, te sentías sin hogar a pesar que intentara contenerte en cada momento, una y otra vez lo intenté, pero me sentía como si tuviera que cargar agua en un balde con un gran agujero en el fondo. Era imposible. Las vueltas de la vida nos llevaron a separarnos, me dí por vencida, no quise esforzarme más, no encontré nunca un gesto tuyo de optimismo, de esperanza, de fortaleza. Pero al final te quedaste, o eso creo, y yo me fui. 
Ahora, como cada día de la semana, me subo a este tren que me lleva y trae, la gente me rodea, me empuja, me mira, me habla y yo lo único que hago es buscarte. Ver en la cara de los otros a ver si logro reconocerte, a pesar de los años creo que estás ahí. Un gesto, un guiño, una mirada, simplemente algo de tu ser. Busco y no te encuentro, sé que no estás, pero muchas veces creo, sí creo verte. Por temor a que no seas vos, dudo si llamarte la atención para que me reconozcas, intento observarte con atención hasta que siento frustrada mi búsqueda. También te escucho, cómo podré sentirte si acá nadie habla español, si no saben lo que es nuestro idioma, los pocos que lo hablan usan un tono extraño, o simplemente son de otro lado del continente. Muchas veces siento tu voz, ese cantar en el oído, la letra de Spinetta o de Cerati, me dejó llevar por el recuerdo y me pierdo. 
Me siento sola, aunque un mundo me rodea, aunque tenga trabajo, llegue muy cómoda a fin de mes, me compre las cosas que se me antojan, coma en lugares impensables hace unos años y pase las fiestas con mis compañeros de trabajo y tenga una pareja. Estoy vacía. No sé por qué cada vez que cierro los ojos estoy en esa playa, sintiendo el feroz rugido del mar, la humedad en mis pies y en mi rostro. Y te siento, tu presencia me invade y te busco. 
Sé que fue una relación sin sentido, una calle sin salida de la que tenía que huir. No entiendo por qué vuelvo una y otra vez a vos. Será que soy yo quien no encuentra sentido a la vida, seré ese balde roto que no puede llenarse nunca aunque intente arreglarlo. No era que me iba para encontrar mi futuro, una vida de éxitos y prosperidad. Lo hice, me fui, dejé mí tierra, mi hogar, mi pueblo. Estoy en la gran urbe, en el centro de todo, logré todo aquello que vine a alcanzar. Pero estoy sola y te busco entre la gente. Te busco o me busco. Siento el mar. 


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