Amadeo
Amadeo
Como todos los primeros sábados de mes voy a la panadería del barrio y compro una bandeja de masas finas, algunas con crema chantilly, otras con pastelera y también con dulce de leche, sus preferidas. La empleada me las prepara para que no se aplasten, las pone con una tira de cartón, papel film y las envuelve con papel muy prolijo. Luego tomo el colectivo hacia el hogar, no podría decir que me está esperando pero intento creer que sí.
Al llegar varias enfermeras me saludan, una me pregunta cómo ando y otra me dice que está en el jardín del fondo, en las mesas que hay allí. Voy por el pasillo, las puertas de las habitaciones están abiertas porque están haciendo la limpieza. Hay una mezcla de olores, entre lavandina, sopa de verdura y ropa vieja. Al llegar a la puerta trasera la veo ahí sentada mirando la nada. Al acercarme saludo y le muestro el paquete de masas, al instante una sonrisa le surca el rostro repleto de arrugas.
Enseguida me dice: - Amadeo, viniste, te estaba esperando. Contame, ¿cómo están los nenes?, ya deben estar grandes. ¿Siguen andando en bici por la vereda?
Y ahí empiezo a contarle todos los detalles - Sí, mamá, les encanta andar en bici por la vereda de casa, van de esquina a esquina o dan la vuelta manzana. También, cuando podemos vamos todos al campo de deportes a jugar a la pelota y la nena lleva sus patines. Compramos pochoclos, pirulines y manzanas acarameladas. Les gusta mucho. Sabes que el más grande sigue usando el walkman que le regalaste para su cumpleaños con el cassette de Charly, tiene un montón, los guarda a todos en una cajita de zapatos debajo de su cama y reta a la más chiquita si se los toca, tiene miedo que les rompa la cinta.
- ¡Qué buen chico es!, es parecido a vos Amadeo, te dije siempre que es igualito a cuando eras chico y la chiquita es muy pícara, se parece a mi hermana Bety.
- Sí, la chiquita siempre pregunta por vos mamá, te manda muchos besos, te iba a traer el dibujo que te hizo pero me lo olvidé sobre la mesa. Te había dibujado a los personajes de tu serie favorita, esa que siempre veías con ella a upa, ¿te acordás?
- Si, siempre veíamos La familia Ingals, acá también la dan por la televisión, y también veo Camino al cielo y Badía y compañía ¿Vos los seguís viendo?
- Ya no tengo tiempo mamá, pero los chicos sí. Hay mucho trabajo. Llego cansado a casa.
- Necesitas plata, nene. Creo que tengo algunos australes en mi cartera.
- No hace falta viejita, guardalos por si te hacen falta a vos.
- No hijo, te doy y le compras esas golosinas que tanto les gustan a los nenes, los chocolatines Jack, los paragüitas y las pastillitas Yapa. Hoy quise ir al kiosco pero Nancy me dijo que ya había cerrado.
- No te preocupes, yo les compro y les digo que vos se los mandas. Te manda un beso muy grande Pascuala y su hija Tita, que un día de estos pasan a jugar al chinchón con vos.
Cada vez que voy juego a ser papá, él va poco a visitar a la abuela, le hace mal verla así, mis hermanos tampoco, así que yo, el nieto mayor, voy el primer sábado de cada mes, papá va los segundos y los otros días van mi hermana y mi hermano. Todos somos Amadeo, todos somos mi viejo, la abuela ni se entera del cambio, solo cuando va Lila hay confusión, algunas veces es la tía Bety y otras, mi mamá. La cabeza de la abuela se quedó en la época en que éramos chicos, allá por los ochenta, ella recuerda todo y sigue viviendo en ese período. Ella aún es joven, no tiene ochenta y siete como ahora, nosotros somos niños y mi papá sigue teniendo cuarenta. El tiempo parece detenido.
Comentarios
Publicar un comentario